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Publicado por en May 25, 2013 |

Modificar el PH en nuestras plantas para una buena salud de las mismas

Modificar el PH en nuestras plantas para una buena salud de las mismas

Para mejorar el estado del suelo y convertirlo en la mejor tierra de cultivo para plantas se han de seguir unas sencillas pautas de nutrición y cuidados. Ante todo, es muy importante tener en cuenta la naturaleza del suelo, porque el humus (materia orgánica vegetal y animal en descomposición que abona la tierra) comienza a debilitarse tan pronto como se cava un trozo de tierra.

Acidez y alcalinidad: pH

Cada suelo necesita un alimento distinto según su composición, necesidades y su pH. Al igual que la piel del ser humano, el suelo tiene una medida llamada pH que determina su alcalinidad o acidez. Cuando uno es rico en cal o en creta, se dice que es alcalino. En el caso contrario, se trata de un suelo ácido. Generalmente, un pH por encima de 7,0 indica un suelo alcalino, mientras que un pH inferior a 6,5 es ácido.

La mayoría de las plantas preferirán un pH comprendido entre estos dos extremos y será muy raro encontrar alguna vez un suelo con un pH por encima de 8,5 o por debajo de 4,5. Los ejemplares que se cultiven en un jardín han de tener unas características adecuadas al pH de la tierra en la que van a desarrollarse.

  1. Aportar fertilizantes que contengan los nutrientes que están faltando.
  2. Bajar el pH del suelo o sustrato.
  3. Bajar el pH del agua de riego.

1. Aportar fertilizantes

Cuando las plantas empiezan a amarillear y tras estudiar los síntomas y conocer el pH del suelo o del sustrato y el agua de riego, podemos llegar a la conclusión de que se trata de una carencia de minerales, por ej., de Hierro.

limonero

Materiales orgánicos: ¿Qué vitaminas necesita el jardín?

Fibra de coco: se puede utilizar como un elemento más de la mezcla de cultivo. Se utiliza con plantas a las que les gusta la acidez (pH 5,5-6,3) y se encuentra en tiendas de jardinería.

Algas: se introducen directamente en el suelo húmedo , si está parcialmente debilitado o poco nutrido. Contienen, sobre todo, potasio y se adquieren en cualquier comercio, incluso en herbolarios.

Compost de setas: normalmente, el compost de setas se emplea para nutrir tierras con carencias orgánicas. Sin embargo, en el caso de que los vegetales que se cultiven rechacen la cal, es preferible usar otro tipo de fertilizante. Lo venden los cultivadores de setas y, normalmente, contienen abono animal, marga y creta.

Compost de lombrices: es uno de los nutrientes más comunes. Se aplica una pequeña capa del mismo sobre la tierra a fertilizar y las plantas crecerán vigorosas y sanas. Se puede encontrar en un centro especializado o en cualquier vivero.

Compost para jardín: está compuesto por una gran variedad de desperdicios de jardín y de cocina que se hayan quedado pudriendo durante meses, es uno de los mejores acondicionadores y nutrientes del suelo.

Materiales inorgánicos: inyecciones de nutrientes

En la etiqueta de estos fertilizantes se determinarán sus características: los hay simples, que muestran su contenido en nutrientes en términos de nitrógeno (N), ácido fosfórico (P2O5) y potasio (K2O), y también los hay compuestos, que suministran cantidades variables de los tres nutrientes.

Cómo aplicar el fertilizante

  1. Hay que introducirlo antes de sembrar o plantar, o encima del suelo mientras las plantas crecen.
  2. Es conveniente una base al suelo unos días antes de sembrar. Si es demasiado tarde y se va a plantar ya, hay que aplicarlo dentro de los centímetros superiores.
  3. También existen productos en forma de líquido o polvo soluble; hay que disolverlos en el agua del riego o pulverizarlos sobre el follaje.
  4. Por último, si se busca un abono que actúe con rapidez, conviene adquirir los abonos foliares, que deben aplicarse con el suelo húmedo y sin sol.

2. Bajar el pH del suelo

Aparte de echar los quelatos o abonos foliares y para no tener que gastar tanto en ellos, es muy bueno intentar liberar el Hierro y los demás micronutrientes que contiene el suelo alcalino pero que están insolubilizados y no pueden ser tomados por las raíces.Haber, hay, de todo, pero no están solubles, con lo que es como si no estuvieran para las raíces. Esto se consigue bajando el pH, es decir, acidificando el suelo. Se liberarán solos. Por ejemplo, si tu suelo tiene un pH 8 sería bueno llevarlo a 6,5, para lo que puedes hacer alguna de estas tres operaciones:

1. Turba rubia

Al plantar, por ejemplo, un macizo de arbustos acidófilos, quizás Brezos, mezcla los primeros 25-30 cm. de tierra con TURBA RUBIA (una marca es SPHAGNUM), que es un material muy ácido (ph=3,5). La proporción sería un 50% de tierra del jardín con un 50% de turba rubia. O bien, 1 kg de turba rubia por cada m2 de superficie. A los 2 ó 3 años tendrás que repetir el tratamiento. Esta forma de acidificar está bien para iniciar una plantación, pero si ya están plantados… no es fácil de aplicar sin romper raíces ni de resultados rápidos el acidificar en profundidad (20 cm.).

2. Azufre

Otra opción para acidificar: mezcla los primeros 25-30 cm. de tierra con AZUFRE EN POLVO. Dosis: 90 grs/m2. No produce una bajada de pH inmediata, sino que tarda varios meses en hacer efecto. Aplica durante el otoño para que en primavera se note. En medianas y grandes superficies es lo que sale más económico, por ejemplo, para enmendar toda el jardín entero antes de plantar nada. El azufre es la enmienda clásica que se usa a nivel agrícola.

Igual que con la turba rubia, a los 2 ó 3 años tendrás que repetir el tratamiento porque los suelos calizos neutralizan el acidificante aunque a menudo es suficiente para aliviar la clorosis férrica, por ejemplo.

3. Sulfato de hierro

La tercera opción, y quizás la más práctica, es incorporar SULFATO DE HIERRO al suelo. El sulfato de hierro sirve para acidificar y adicionalmente para aportar algo de Hierro, aunque no mucho y su principal función es para bajar el pH.

El sulfato de hierro es un producto muy barato y fácil de conseguir. A la venta se encuentra en forma granulada (color marrón) y en partículas más finas, como la fotografía superior (color verde manzana). Esta última presentación es la más interesante para disolver en agua, como ahora veremos. La forma granulada también se puede emplear, y de hecho así se hace en agricultura, por ejemplo, para bajar un poco el pH en una plantación frutal, pero no disolviendo en agua, sino mezclando con la tierra superficialmente, como si fuera un fertilizante normal. Compra mejor el sulfato “verde manzana”.

El plan consistiría en aportar al suelo el sulfato de hierro regando con agua que lleve disueltos 3 gramos por cada litro. Riega 1 vez al mes con esta agua al pie de las flores, arbustos o árboles. Con este tratamiento bajará el pH de la tierra. En invierno no hace falta echarlo. No uses el agua con sulfato de hierro para las macetas; más abajo tienes cómo hacerlo en macetas, se acidifica el agua con ácido cítrico en lugar de sulfato de hierro.

Complementa el tratamiento del sulfato de hierro adicionando 3 gramos por cada litro de agua de quelatos de hierro (una cucharadita). Aplica una vez al mes también, pero en una semana distinta a la del sulfato.

Con estos dos productos (sulfato de hierro y quelatos de hierro) las plantas acidófilas del jardín tendrán suficiente Hierro y los otros micronutrientes como el Manganeso o el Cobre gracias a la liberación que provoca el sulfato por bajar el pH del suelo.

Quedará proporcionar el resto de elementos para completar la fertilización de tus plantas, es decir, Nitrógeno, Fósforo y Potasio con abonos convencionales o de lenta liberación. Recuerda que en suelos de los que estamos hablando, con pH elevado (alcalinos), es conveniente aumentar la dosis más de lo normal de Fósforo y Potasio puesto que una parte se pierde por insolubilización, como ocurre con los micronutrientes.

Como acción complementaria para acificar algo más (bajar el pH) usa para el suelo, no para macetas, abonos acidificantes: sulfato amónico, nitrato amónico, fosfato amónico, etc.

Recalcar que los suelos ácidos (pH<7) son fáciles de enmendar aportando caliza molida, pero los suelos alcalinos (ph>7) son mucho más difíciles de corregir por razones de química del suelo complejas que no vamos a entrar. La idea es que subir puntos de pH es fácil, pero bajar, no, porque tiende a revertirse a la situación anterior, lo que obliga a repetir el tratamiento.

Sustratos

Para bajar el pH de los sustratos usados en macetas, jardineras y todo tipo de contenedores se actúa sobre el agua de riego.

El pH del substrato debe estar entre 5,5 y 6,5 para las plantas acidófilas como Gardenia, Hortensia, Azalea, Camelia, Rododendro,… y para muchas plantas de interior, pero si estás usando un agua alcalina trasmitirá su pH al sustrato y con el tiempo, terminarán igualándose ambos pH’s.
Esta alcalinización del sustrato provocará el amarilleo de las hojas (clorosis) por la deficiencia de Hierro u otros elementos.

Por tanto, los consejos para cultivar plantas acidófilas en contenedor serían:
Elige un sustrato que tenga un pH ácido. Esto lo debe indicar en la etiqueta. Venden algunos especiales para plantas acidófilas, por ejemplo, la llamada tierra de brezo, tierra de castaño, etc.. Otra opción es hacer una mezcla incluyendo turba rubia, que es muy ácida (pH=3,5).

En cualquier caso, aunque el sustrato no lo compres como ácido y sea, digamos, “normal”, incluso alcalino, siempre se puede enmendar si riegas continuamente con agua acidificada con ácido cítrico como veremos ahora.

Lo ideal para no subir el pH del sustrato sería regar con agua sin cal o de lluvia (depósito, aljibe), pero si no la tienes, deberás acidificarla con ácido cítrico o vinagre.

3. Bajar el pH del agua de riego con ácido cítrico

Hemos visto hasta ahora dos acciones para contrarrestar los efectos del pH alcalino:

1. Aportar los nutrientes que falten
2. Bajar el pH del suelo

Nos queda la tercera acción: bajar el pH del agua de riego con ácido cítrico (si es que es alcalina, si no, nada).

El ácido cítrico tiene un papel equivalente para las macetas al sulfato de hierro para el suelo, es decir, acidificar, bajar el pH.

Con el ácido cítrico puedes ajustar el pH del agua y regar luego con ella. Si por ejemplo, consigues poner el agua con un pH=5, al regar con este agua una y otra vez, el sustrato acabará con pH=5.

No añadas sulfato de hierro en sustratos como se hace en el suelo; es mejor evitarlo porque se puede “quemar” la planta si no se ajusta bien la dosis.

El ácido cítrico tiene el aspecto del azúcar y lo puedes comprar en alguna droguería o establecimiento de productos químicos. Otra opción es el vinagre, pero sale más caro.

Procede así con el ácido cítrico:

1. Prepara un bidón de unos 50 litros de capacidad por lo menos.

2. Llénalo con el agua que estés usando.

3. Echa una cucharada de ácido cítrico para esos 50 litros más o menos y remueve bien. Ya tendrás un agua ácida. Puedes medir el pH con tiras de papel indicador de venta en farmacias para comprobarlo.

4. Riega siempre con ella y tras hacerlo varias veces, el sustrato ya se habrá acidificado.

6. Para complementarlo, añade a la maceta 1 vez al mes (invierno no hace falta), quelatos de hierro. Ten cuidado con las manchas en la ropa y el suelo de los quelatos. Pon un plato debajo de la maceta para recoger el drenaje.

Si con los quelatos de hierro sigues apreciando amarilleos, considera los demás microelementos: Manganeso, Zinc, Cobre, Boro y Molibdeno.

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