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 22-02-2007
¿Se viene el Paludismo después del Dengue ?
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El vector de esta enfermedad es el Anopheles pseudopunctipennis, mosquito que se encuentra distribuido en la Argentina, el área palúdica abarcaba las provincias de Salta, Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, Formosa, Chaco, Misiones, Corrientes y pequeñas áreas en San Juan, San Luis y Córdoba.

El problema de salud pública representado por la Malaria en los países americanos está siendo condicionado actualmente por una combinación de factores socioculturales ligados al desarrollo y problemas económicos comunes a la mayoría de los paises.  Además, la contiguidad territorial facilita la interacción de los elementos geográficos y bioecológicos que intervienen en la epidemiología de la Malaria, dinamizando la transmisión y dispersión de la enfermedad a un ritmo superior a la capacidad operativa de contención de que disponen los servicios de salud.

En la República Argentina se registraban, a principios de siglo, hasta 200.000 consultas anuales por esa patología, que se encontraba dispersa en un área de 350.000 Km2 sobre las provincias de Misiones, Corrientes, Chaco, Formosa, Salta, Tucumán y Jujuy, pequeñas áreas de Córdoba, San Luis y San Juan.  Desde el año 1915 y especialmente desde la implementación del Programa de Erradicación, merced a la iniciativa del Dr. Carlos A. Alvarado que entre los años 1932 y 1955 impulsó un programa de lucha contra varias enfermedades transmisibles, con particular énfasis en Malaria, primero desde la provincia de Jujuy y luego desde el ámbito nacional, se ha logrado sanear gran parte del área afectada, restringiendo las zonas de transmisión a los Departamentos de San Martín, Orán, Iruyá y Santa Victoria (11.275 Km2) -provincia de Salta- y al Departamento Ledesma (3.249 Km2) en Jujuy, lo que representa el 4% del área palúdica total original.

Desde 1970 no se ha registrado transmisión en la región noreste y en el noroeste logró un buen control entre los años 1962 y 1970 (menos de 200 casos por año).  Esta situación desmejoró posteriormente presentándose picos epidémicos sobre la endemia en el noroeste, siendo el más importante el de 1987 con 1992 casos, y algunos casos esporádicos en el noreste (ocho casos en el mismo año).

Las infecciones palúdicas en la República Argentina son producidas por el R. vivax, especie de mayor distribución geográfica en el mundo, responsable de una enfermedad no letal, a diferencia de la producida por el R. falciparum, del que no se registran casos aunque persiste el riesgo potencial ya que existe en países vecinos.

A pesar de que la posición de la Argentina en el grupo II indica la ejecución de un buen programa de control de la Malaria, en el mismo informe la OMS la señala como uno de los ocho países en los que el número de casos está aumentando.  Lo mismo ocurre en Paraguay y en Brasil.  En nuestro país, esto sucede porque el programa de vigilancia epidemiológica sólo se desarrolla parcialmente (en 1985, el 45% de lo propuesto), lo que se relaciona con los problemas económicos del país y de la región afectada.  El hecho de que también el control en países limítrofes se haya deteriorado favorece la importación de los casos que, para el año 1985, fue del 23,4% del número total registrado.  En la actualidad, el Servicio Nacional de Paludismo tiene su sede en Salta y sectores operativos en Tártagal y Orán (provincia de Salta), San Salvador de Jujuy, San Pedro y Ledesma (provincia de Jujuy), Tucumán, Santiago del Estero y Misiones.

CICLO BIOLOGICO: El ciclo comienza en el mosquito; la necesidad de obtener sangre para madurar los huevos ya fertilizados es lo que induce al mosquito Anopheles hembra a picar a un animal de sangre caliente.  Si ese animal es un individuo que padece una infección malárica, la sangre contendrá formas asexuales y sexuales del parásito.  Las primeras son las que provocan los síntomas de enfermedad, las segundas son las que infectan al mosquito.  Los parásitos ingeridos junto con la sangre llegan al estómago, donde las formas asexuales mueren rápidamente y son digeridas.  Al cabo de dos o tres semanas se observa la presencia en su interior de miles de diminutas formas, o esporozitos unicelulares, que maduran al ser liberados en la cavidad, llena de líquido.  La corriente de líquido corporal conduce a los esporozoitos al tórax del insecto, hasta tomar contacto con las glándulas salivales, donde desde sus acinos y por los conductos internos una vez maduros, los esporozoitos pasarán a la saliva.  El ciclo continúa en el huésped vertebrado cuando el mosquito pica, sondeando con la trompa repetidamente la piel de aquel, hasta llegar al lumen de un capilar.  En este proceso de picar y absorber, el mosquito expulsa saliva y con ella inyecta los esporozoitos, que se dirigen al hígado del huésped en no más de tres minutos, para penetrar en las células del parenquima hepático.  Allí comienzan a multiplicarse inmediatamente, proceso que dura 6, 8, 9 u 11 días, según la especie.  Los parásitos jóvenes así formados llegan al sinusoide de sangre más cercano y penetran en los glóbulos rojos, con lo que ganan acceso al torrente circulatorio.  Este es el ciclo exoeritrocitario donde se producen los síntomas clínicos típicos de la enfermedad.  Una vez en el interior del glóbulo rojo, el parásito crece hasta ocupar la mayor parte del mismo.  En su crecimiento estos microorganismos degradan la hemoglobina, dando origen al típico pigmento malárico o hemozoina.  Luego comienzan las divisiones nucleares formando los merozoitos eritrociticos.  Para la liberación de nuevas progenies, el glóbulo rojo se rompe.  Los merozoitos liberados invaden nuevos glóbulos rojos, dando comienzo a otra fase eritrocitica, fase que se repetirá cada 48 ó 72 horas, dependiendo de la especie.  Cada liberación de merozoitos coincidirá con el inicio de¡ "acceso palúdico".  Finalmente, y por razones que se desconocen, la invasión de merozoitos puede derivar en la formación de gametocitos, que quedarán en la circulación a la espera de ser ingeridas por un mosquito que les permita continuar el ciclo de transmisión.  Los merozoitos no pueden volver a la fase hepática.

TRANSMISION: Los vectores de este parásito son insectos del género Anopheles.  Su modo de posarse sobre la superficie del agua permite diferenciarlos de los mosquitos comunes (Culex): los anofelinos lo hacen de manera casi vertical y los Culex en forma paralela.  En nuestro país existen más de 30 especies de Anopheles, pero las principales implicadas en la transmisión son el A. pseudopunctipennis en la región noroeste y el A. darlingi en el noreste.  El primero habita en nuestro país, mientras que el segundo llega desde los países vecinos.  Esto determina que el Paludismo sea endémico (número constante de nuevos casos a través de un período de varios años sucesivos) en el noroeste y epidémico (¡ncremento significativo ocasional o periódico del número de casos de una determinada comunidad) en el noreste.  Estos insectos, fitófago el macho y hematófaga la hembra, tienen su hábitat cerca de cuencas de agua.  Las hembras depositan sus huevos en aguas limpias y claras; en la mayoría de las especies, éstos alcanzan el total desarrollo después que las hembras se han alimentado, acto que realizan cada dos o tres noches.  En cada postura se depositan entre cien y doscientos huevos.

CONTROL DE LA TRANSMISION: En términos generales se puede decir que el control de la Malaria se logra cuando la mortalidad a ella atribuible alcanza bajos niveles y cuando la morbilidad puede ser manejada adecuadamente dentro de los servicios generales de salud.  Las estrategias requeridas para evitar las muertes prevenibles incluyen la disponibilidad de servicio de referencia para los casos severos y complicados, acceso inmediato a medicamentos, la identificación de pacientes con alto riesgo y la implementación de medidas para reducir ese riesgo.  Las estrategias requeridas para reducir la morbilidad incluyen una mejor disponibilidad de servicios de salud para un diagnóstico precoz y un pronto tratamiento, con accesibilidad a la quimioterapia efectiva.  Las estrategias para minimizar la transmisión incluyen la ejecución de medidas de control vectorial siendo la eliminación de la transmisión el objetivo último.

El riesgo de dispersión de la enfermedad a nuevas zonas o áreas en algún momento tratadas, desafía sin embargo toda medida de control y marca la necesidad de mejorar las mismas.

Otro de los problemas que presenta actualmente la Malaria es la resistencia de los parásitos a los medicamentos.  Esta resistencia fue observada por primera vez en P.falciparum para la cloroquina y la amodiaquina en Colombia y en Brasil y posteriormente comunicadas por otros países (Ecuador, Venezuela). 

Si bien en situaciones particulares pueden facilitar la reducción temporal de la transmisión, el hecho de mantener activos e inalterados los factores de riesgo que la determinan hace que la transmisión local reaparezca y se mantenga o pueda llegar a incrementarse rápidamente.

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